Antes de 1989, la población de Lapa Roja en el pacifico centralen Costa Rica era conocida por los lugareños, pero nunca había sido estudiada por los científicos. En 1990, Christopher Vaughan, un biólogo de la Universidad Nacional (Costa Rica) y la Universidad de Wisconsin-Madison, comenzó una de los mayores estudios de una población de Lapas silvestres.
Vaughan y su equipo se dieron cuenta rápidamente de que gran parte de la población del Pacífico Central de Lapa Roja seguía un patrón predecible en su movimiento diario, sobre todo entre julio y septiembre. Los guacamayos dormían por la noche en los manglares de la Reserva Guacalillo y alimentaban a diario en el Parque Nacional Carara y las áreas adyacentes al sur y el este. Los científicos cuentan las Lapas mensualmente durante 5 años (60 meses) desde un punto único de observación, ya sea cuando salían de los manglares en la mañana temprano o cuando se devolvían al mismo por la noche.
Sin embargo, desde 1995, los conteos estaban restringidos a julio y agosto, los meses en que los mismos fueron más altos. Este momento del año coincidió con el período posterior de la anidacion, es decir, unos dos meses después de que los pichones habían dejado sus nidos y comenzaban a dormir en los manglares con sus padres. El análisis de estos conteos mensuales durante un periodo de varios años refleja cambios en el número de las Lapas.
Entre 1990 y 1995, la población se ha había estudiado, pero no se inició ningún trabajo de conservación. Análisis de los conteos 1990-1995 demostró que la población estaba disminuyendo a un ritmo alarmante, lo que requería una acción inmediata para evitar la extinción. Un taller regional fue patrocinado por la Universidad Nacional y Punta Leona, un centro turístico local.
Los miembros de las comunidades locales, científicos, profesionales de ecoturismo, y funcionarios gubernamentales se reunieron durante dos días para discutir el futuro de la Lapa Roja en el Pacífico Central. La caza furtiva de pichones para el comercio de animales fue identificada como la principal amenaza para la población, con la pérdida de hábitat y la ignorancia de la situación de las aves como factores secundarios.
Todos los participantes fueron unánimes en el apoyo a la creación de una organización local de conservación, la Asociación para la Protección de los psitácidos (LAPPA). Nuestros objetivos fueron: a) aumentar la población del Pacífico Central de Lapas Rojas, b) mejorar la condición económica de las comunidades humanas locales para que apoyen la conservación de los recursos naturales, yc) que la región del Pacífico Central fuera un destino turístico atractivo.
Utilizando el conocimiento de los científicos la Universidad Nacional, LAPPA ayudó a coordinar las actividades de conservación que mejoró la situación de la población de la Lapa Roja. Una combinación de protección de nidos, la instalación de nidos artificiales, educación ambiental y proyectos de la comunidad entre las partes interesadas dio como resultado un aumento dramático de la población de 30 pichones cada año en 1996 y 1997, el doble del número de pichones contado en años anteriores.
Después de 1997, debido a la disminución de los recursos y el personal que trabaja con el proyecto, los esfuerzos de conservación han sido más esporádicos, sin embargo el número de población se ha mantenido estable, pero no se puede bajar la guardia y otras especies de la misma familia están dando indicadores importantes de reducción drástica en su población como es el caso de la lora de Nuca Amarilla.